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¿Qué es un avalista hipotecario? Riesgos reales, derechos que te protegen y cómo salir del aval

Que un familiar te pida ser su avalista para una hipoteca es más habitual de lo que parece, sobre todo cuando hablamos de gente joven que no llega al ahorro necesario para la entrada. Y aunque suene a un favor sencillo («solo es una firma»), lo cierto es que ser avalista te liga al préstamo durante los 20, 30 o 40 años que dure, con consecuencias sobre tu patrimonio que casi nadie te explica antes de firmar.
En este artículo te contamos qué es realmente un avalista hipotecario, qué estás aceptando cuando firmas, qué derechos tienes (y cuáles probablemente ya hayas renunciado sin saberlo), cómo salir de un aval y qué alternativas existen para comprar una casa sin tener que meter a tu familia en esto.
¿Qué es un avalista y cuándo lo exige el banco?
Un avalista es la persona que se compromete a pagar la deuda de una hipoteca si el titular deja de hacerlo. Es una garantía adicional que el banco pide cuando considera que el perfil del comprador, por sí solo, no le da suficiente seguridad de cobro.
Esto ocurre normalmente en dos escenarios: cuando el comprador no llega al 20 % de ahorro que la banca no suele financiar (recuerda que lo habitual es prestar hasta el 80 % del valor de la vivienda), o cuando sus ingresos o su estabilidad laboral no terminan de convencer a la entidad. El caso más típico de todos es la hipoteca con aval de los padres para un hijo o hija joven que compra su primera vivienda.
Avalista hipotecario vs. titular: dos papeles muy distintos
Aquí hay un matiz importante que mucha gente confunde. El titular es el dueño de la vivienda y el responsable principal del préstamo. El avalista no es propietario de nada: no figura en la escritura de la casa, no tiene derechos sobre el inmueble y, sin embargo, responde de la deuda igual que el titular. Es decir, asume el riesgo sin recibir la propiedad. Es una asimetría que conviene tener clarísima antes de firmar.
Perfil que el banco exige: solvencia, patrimonio libre y CIRBE limpio
Aunque en teoría cualquier persona mayor de edad puede avalar, el banco va a mirar tu solvencia con la misma lupa con la que mira la del comprador. Los requisitos habituales para ser avalista son:
- Ingresos estables y suficientes para asumir la cuota si llega el caso.
- Patrimonio libre de cargas (idealmente, una vivienda en propiedad sin hipoteca o casi pagada).
- No arrastrar deudas pendientes ni figurar en ficheros de morosos como ASNEF o RAI.
- Un historial crediticio limpio en el CIRBE, la Central de Información de Riesgos del Banco de España.

Lo que el avalista firma de verdad: todo lo que nadie te explica
Aquí es donde el favor familiar se complica. Estas son las consecuencias reales de un aval hipotecario que conviene entender antes de poner la firma, no después.
Responsabilidad ilimitada: no solo el 20 % que falta al comprador
Mucha gente cree que si avala el 20 % que el banco no financia, su riesgo se limita a ese 20 %. Es falso. El avalista responde de la totalidad de la deuda: capital, intereses, intereses de demora y costas judiciales si la cosa acaba en los tribunales. Y responde con todo su patrimonio presente y futuro (artículo 1.911 del Código Civil): la casa, los ahorros, el coche, la nómina embargable y lo que adquieras durante los próximos años mientras la hipoteca siga viva.
El aval entra en el CIRBE y complica tus próximos préstamos
En el momento en que firmas como avalista, esa operación queda registrada en el CIRBE a tu nombre. ¿Qué significa esto en la práctica? Que si más adelante quieres pedir tu propia hipoteca o un préstamo, el banco verá que ya estás comprometido con otra deuda y lo descontará de tu capacidad de endeudamiento. Por eso, a la pregunta de «si soy avalista, ¿puedo pedir una hipoteca?», la respuesta es que sí, pero lo tendrás más difícil y probablemente por un importe menor.
El aval es hereditario: qué pasa cuando muere el avalista
Una de las consecuencias menos conocidas y más delicadas. Cuando el avalista fallece, su obligación no desaparece: pasa a sus herederos junto con el resto del patrimonio. Si tus hijos aceptan tu herencia sin más, heredan también la posición de avalista. La única forma de blindarse es aceptar la herencia a beneficio de inventario o renunciar a ella, algo que conviene saber de antemano para no dejar un problema a quien venga detrás.
Si el banco ejecuta: puede ir contra el avalista antes que contra la vivienda
Y este es probablemente el punto más duro. En la mayoría de hipotecas con aval, el banco puede reclamarte a ti directamente sin tener que ejecutar primero la vivienda ni agotar el patrimonio del titular. ¿Por qué? Porque lo habitual es firmar como avalista solidario. Y eso nos lleva al siguiente bloque, que es justo lo que nadie te cuenta.
Los derechos del avalista hipotecario que casi nadie conoce
El Código Civil reconoce al avalista (o fiador) una serie de derechos pensados para protegerlo. El problema es que la banca, en la práctica totalidad de las hipotecas, te hace renunciar a ellos en la letra pequeña al firmar como avalista solidario. Conocerlos sigue siendo fundamental: te dice exactamente qué estás cediendo.
Derecho de excusión: el banco debe ir primero contra el deudor
El derecho de excusión (artículo 1.830 del Código Civil) establece que el banco debería reclamar primero al titular de la hipoteca y agotar sus bienes antes de dirigirse contra ti. Suena razonable. El problema es que este derecho desaparece en cuanto firmas como avalista solidario (artículo 1.831), que es la fórmula que usan prácticamente todos los bancos. Por eso, en la realidad, la entidad puede reclamarte directamente desde el primer impago.
Derecho de división: si hay varios avalistas, solo pagas tu parte
El derecho de división (artículo 1.837) dice que, cuando hay varios avalistas, cada uno solo debería responder por su parte proporcional de la deuda. De nuevo, una protección lógica. Y de nuevo, se renuncia al firmar de forma solidaria: en ese caso el banco puede reclamar el 100 % de la deuda a cualquiera de los avalistas, no solo su parte.
Derecho de reembolso: recuperar lo pagado si has tenido que responder
Este sí sobrevive. El derecho de reembolso o subrogación (artículo 1.838) te permite, si has tenido que pagar la deuda del titular, reclamarle a él todo lo que has abonado en su lugar. Te subrogas en la posición del banco frente al deudor. Otra cosa es que esa persona tenga con qué pagarte, pero el derecho a reclamárselo lo tienes.
La conclusión práctica: antes de firmar, lee si el contrato te convierte en avalista solidario (lo más probable) y entiende que, en ese caso, estás renunciando a las dos primeras protecciones.
Cómo quitarse de un aval hipotecario
Que hayas firmado un aval no significa que estés atado de por vida sin salida. Hay vías para quitar un aval hipotecario, aunque ninguna es automática: todas pasan por el banco.
Novación con el banco: el titular mejora su perfil y pide la liberación
Es la vía más limpia. Si el titular de la hipoteca ha mejorado su situación —ha amortizado capital, le han subido el sueldo, lleva años pagando sin un solo retraso—, puede solicitar al banco una novación para eliminar al avalista. El banco reevalúa el riesgo y, si el perfil ya le da garantías suficientes por sí solo, accede a liberarte.
Si el banco no acepta: refinanciar en otra entidad y cancelar el aval
Cuando el banco actual se niega a soltar el aval, la alternativa es buscar una hipoteca nueva en otra entidad que financie en mejores condiciones y sin avalista. Al cancelar la hipoteca original con ese nuevo préstamo, el aval queda extinguido de forma automática. Aquí es donde comparar varias entidades a la vez marca la diferencia.
Cuánto cuesta y cuánto tarda quitarse del aval
Una novación implica gastos de notaría, gestoría y, en su caso, una comisión de modificación, que suele moverse en unos pocos cientos de euros. La refinanciación en otro banco tiene costes algo mayores (tasación, gastos de la nueva hipoteca), pero a menudo compensa si además mejora el tipo de interés. En cuanto a plazos, hablamos de varias semanas en ambos casos, según la agilidad de la entidad.
Alternativas para comprar sin poner en riesgo a tu familia
Si has llegado hasta aquí pensando en pedir un aval a tus padres, merece la pena conocer las opciones que existen para conseguir una hipoteca sin aval y dejar el patrimonio familiar fuera de la ecuación.
Aval ICO: el Estado avala el 20 % sin comprometer a ningún familiar
El aval del ICO permite que sea el Estado, y no un familiar, quien respalde hasta el 20 % de la compra. Está dirigido a menores de 35 años o familias con menores a cargo, para vivienda habitual y con un precio máximo de 325.000 €. Es, con diferencia, la mejor forma de comprar sin ahorros ni aval personal: nadie de tu familia queda expuesto.
Hipoteca con aval de otra vivienda: la alternativa patrimonial
Otra opción es la doble garantía: en lugar de poner a una persona como avalista, se aporta como garantía adicional otra vivienda en propiedad (normalmente la de los padres, ya pagada). El riesgo se acota a ese inmueble concreto en vez de extenderse a todo el patrimonio de un familiar. Y sí, se puede avalar con una casa hipotecada, siempre que tenga margen de valor suficiente, aunque el banco lo estudiará con más cautela.

Cómo te ayudamos en Gibobs a comprar sin necesidad de avalista
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Alejandra Martin
Analista de Riesgos
Especialista en transformar la complejidad del mercado financiero en una experiencia ágil, transparente y a medida para el cliente. Su trayectoria combina el asesoramiento patrimonial con la negociación bancaria, garantizando un acompañamiento integral desde el estudio inicial hasta la firma como gestora hipotecaria.


